¿Una Iglesia o varias? ¿Qué es el ecumenismo?

Durante el mes de enero, todos los años, se celebra la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Gestos como el realizado, recientemente, por el Papa Francisco visitando Suecia para conmemorar los 500 años de la Reforma Protestante hacen aún más palpable la realidad de que, a los cristianos de las diferentes confesiones, es mucho más lo que nos une que lo que nos separa.

Actualmente, el Consejo Mundial de Iglesias está integrado por 348 diferentes iglesias y denominaciones que representan más de 500 millones de cristianos: ortodoxos, anglicanos, bautistas, evangélicos, iglesias instituidas en África, luteranos, moravos, pentecostales, viejos católicos, independientes, reformados… La Iglesia Católica, con más de 1.200 millones de seguidores, por su propia naturaleza de “católica” (universal), no pertenece a este consejo, aunque sí trabaja conjuntamente con él promocionando la unidad de los cristianos.

Y, precisamente, la promoción de la unidad de los cristianos es el objetivo que tiene el denominado ECUMENISMO. El término «ecumenismo» proviene del latín, «œcumenicus» y del griego, «οικουμενικός» (oikoumenikós) y éste a su vez de «οἰκουμένη» (oikoumenē), y significa “lugar o tierra poblada como un todo”. El significado de «oikoumenē», tal y como lo entendemos hoy, comenzó a usarse cuando Constantino I el Grande convocó el primer Concilio ecuménico de cristianos en Nicea, en el año 325, con la participación de obispos de todo el «oikoumenē». Así se creó un vínculo entre el concepto de universalidad de la Iglesia (es decir, sin exclusiones) y el término “ecuménico” («oikoumenē»).

El primer milenio cristiano se caracterizó por la unión de los cristianos. Sin embargo, el segundo por su desunión. ¿Qué ocurrió? ¿Hubo un cisma? ¿Qué es un cisma?

La palabra “cisma” es un término derivado del griego σχισμα que significa “escisión, división, separación, desgajamiento”. Yendo por partes, a comienzos del segundo milenio (año 1054) las iglesias grecohablantes se separaron definitivamente de Roma, de los cristianos que hablaban latín. Surgieron así las –al menos- doce iglesias autocéfalas, autónomas y nacionales hasta por su mismo nombre: Iglesia ortodoxa griega, Iglesia ortodoxa rusa, etc. Son iglesias unidas por el vínculo de la sinodalidad, pero sin un centro de unidad magisterial, administrativa, etc., como el del obispo de Roma en la Iglesia católica. De este modo, el primer milenio de la Iglesia, anterior a la ruptura definitiva -hasta ahora-, es el punto de referencia desde la perspectiva ecuménica de católicos y ortodoxos. La estructura y el gobierno de la Iglesia durante el primer milenio de su existencia puede servir de modelo para restaurar la unidad entre católicos y ortodoxos. Por tanto, ¡es posible!

Quinientos años más tarde (año 1517) se operó el desgajamiento luterano y protestante, que entonces afectó a los países del centro y norte de Europa. Al margen de las diferencias éticas y doctrinales, esta separación está marcada por la subjetivación del “libre examen” en la relación con el “Dios-para-mí” y también por una cierta “nacionalización” de lo religioso al proclamarse el principio “cuius regio eius religio”, o sea, la “religión” de cada súbdito es la de su “región” o príncipe, acordado en la Paz de Augsburgo (año 1555). Todavía hoy el rey es la cabeza de la iglesia nacional, la luterana, en los países escandinavos, exceptuada Noruega desde hace muy pocos años. El anglicanismo ofrece el paradigma de esta concepción y situación. El rey británico, además de rey (en este momento, la reina Isabel II), es la cabeza de la comunidad eclesial anglicana.

Resumiendo mucho, y sin entrar en excesivos detalles, el cisma oriental es más estructural que magisterial (dogmática, litúrgica, ético-moral), mientras que el cisma protestante es más estructural y magisterial. En ambos casos se han dado muchos pasos para buscar acuerdos, como el acuerdo oficial entre católicos y luteranos sobre la doctrina de la justificación. Por tanto, se siguen dando fructíferos pasos en este terreno ecuménico.

El primer milenio cristiano se caracterizó por la unión de los cristianos. Sin embargo, el segundo por su desunión. ¿El tercer milenio será el de la reunión de los cristianos? Una vez más, estamos llamados a volver a la fuente: «Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros.» (Juan 17, 11)