Crónica de dos cooperantes

Miguel y Jesús son dos estudiantes granadinos de ingeniería civil en la Universidad de Granada, con espíritu aventurero y ganas de conocer unas realidades diferentes a la que todos estamos acostumbrados a vivir. Gracias a un encuentro fortuito de Jesús con el Padre Antonio Carrón, alias Toñín, cerca del colegio de Agustinos de Granada, allá por el mes de septiembre, se sembró una semilla que llevaría a Miguel y Jesús a tomar un avión y ponerse rumbo a Perú, pero… rumbo a Perú, ¿para qué? Hablemos primero un poco de estos dos cooperantes.

Jesús Hernández es un chico alegre, inquieto y aventurero que estudió en el colegio de Agustinos. Allí conoció al Padre Antonio, el cual fue profesor de filosofía y tutor suyo en bachiller. Tras los estudios en el instituto comenzó su carrera en ingeniería civil y fue cuando empezó a interesarse por el mundo de la cooperación al desarrollo, los problemas medioambientales y la lucha contra el cambio climático. Además, las clases del profesor Javier Ordoñez en la universidad le hicieron ver cómo existe un mundo diverso, lleno de oportunidades, y lo importante que es poner nuestro grano de arena con nuestros conocimientos adquiridos en proyectos de cooperación.

En su último año de estudios, Jesús se fue con una beca a estudiar a la Universidad Santiago de Chile y allí descubrió lo maravilloso e increíble que puede ser Latinoamérica, así como las necesidades y desigualdades que se dan en el continente. Ello le llevó a plantearse la posibilidad de reconducir sus estudios y carrera al mundo de la cooperación.

Miguel Monsalve es un chico curioso y con unas inquietudes muy arraigadas. Siempre sus ideas han ido por el camino del crear y el emprendimiento y fue ello lo que le llevó, recién acabada la carrera de ingeniería civil, a montar una empresa junior en la universidad para la enseñanza del uso y diseño con impresoras 3D. En ese mismo año, las inquietudes de salir y conocer otro mundo le llevaron a unirse al proyecto que el Padre Antonio le había ofrecido a Jesús y, de este modo, embarcarse en esta emocionante experiencia.

Hablemos un poco del proyecto: Chota es una pequeña ciudad situada en el norte de Perú en mitad de los Andes, en la región de Cajamarca. A su alrededor hay unas cuantas pequeñas aldeas, de las cuales, muchas no disponen de agua potable y sus habitantes toman el agua directamente de los riachuelos. Este agua tiene restos de fertilizantes y residuos agrícolas de la zona, y es por ello, que no es agua apta para el consumo humano. La ONG Haren Alde Chota, con el Padre Ángel como cabeza de la misma, se ha embarcado en este emocionante proyecto de proveer de agua potable a alguna de estas pequeñas poblaciones. ¿Y cómo se va a hacer esto? Demos algunas  pinceladas sobre lo que es un sistema de distribución de agua por gravedad.

El agua que llega todos los días a nuestros grifos necesita de unos valores de presión y velocidad aptos para que sea cómoda su recepción. Además, necesita tener unos parámetros de sustancias químicas y sedimentos bajos para poder ser consumida y, por supuesto, estar libre de bacterias que pudieran trasmitir algún tipo de enfermedad o infección. Para que el agua pueda llegar a nuestro grifo, debe de disponer de un cierto valor de energía. Gracias a nuestro amigo Bernoulli, sabemos que esta energía puede traducirse en la suma de varios componentes, que son su energía potencial (o lo que es lo mismo, el peso del agua y tendencia a moverse hacia abajo respecto a una altura dada), y una velocidad a la que se está moviendo por la tubería. Dentro de una tubería, el agua se encuentra a una presión concreta. Es la energía con la que cuenta, la que le imprime una presión y velocidad concreta en el interior de la tubería. Pues bien, para poder dar unos valores de presión y velocidad correctos al agua, podemos otorgárselos de muchos modos, ya sea con bombas que le añaden esta energía, aprovechando la energía potencial propia del agua por su altura en el depósito, o mediante una combinación de ambos. Por supuesto, el diámetro de la tubería y el caudal de agua que circula por ella, junto a la energía del agua, son los que regulan a la presión y velocidad a la que va el agua. Ahí entra el diseño de la tubería, que dependiendo de la geometría, las cotas de cada punto de la red y el caudal de agua circulante, determinan qué tamaño de tubería necesitamos para dar esa presión y velocidad concreta al agua.

El uso de bombas es caro, ya que requiere de energía externa que consumir mediante las diferentes fuentes de energía que disponemos en el planeta, y esto se traduce en dinero. Es por ello que, si las características geográficas del lugar son favorables, se aproveche exclusivamente la energía que cuenta el agua al encontrarse a mayor altura respecto de las casas y utilizar esta energía que nos regala nuestra querida gravedad, para transportar el agua a presión hasta las casas. ¿Qué habríamos hecho sin esa manzana que le cayó a Newton a la cabeza? Este método, por ello, es mucho más barato y una buena solución para proyectos que disponen de presupuestos bajos.

Las comunidades en los alrededores de Chota, se encuentran entre las montañas, y cuentan con muchos manantiales subterráneos que afloran en las laderas de las montañas. Este agua, al ser subterránea y provenir de las cumbres de las montañas, y no existir ningún tipo de actividad humana más arriba de estos manantiales, no cuenta con sustancias químicas nocivas y los valores de sedimentos no son altos. El proyecto consiste en tomar el agua de una de las afloraciones en ladera de estos manantiales y acumularla en un depósito donde se regulará el caudal de agua demandado por la población, así como para llevar a cabo el proceso de cloración del agua para desinfectarla y eliminar las posibles bacterias. Este depósito estará junto a la toma de agua en el manantial y estará a una altura mucho mayor que el resto de la población. Las tuberías llevarán el agua desde este depósito a las casas que se encuentran a una cota mucho menor, y la gravedad hará su trabajo para llevar el agua desde el depósito a las casas. La presión y velocidad que deseemos que lleve se regulará gracias al diámetro de la tubería y el caudal que circula por ella.

Además de la propia construcción y diseño de esta red, el proyecto tiene en cuenta el aspecto social y humano del mismo. Una comunidad que debe aprender de una gestión sostenible del agua. Ellos, al final, son los propios responsables de su agua y de los residuos que vierten en ella y, por eso, la creación de juntas vecinales que sean las gestoras del agua, tras la puesta en funcionamiento de la red, le da la esfera humana y social que todo proyecto debe tener. Hasta aquí tenemos un pequeño esbozo de lo que es un proyecto de una red de distribución de agua potable por gravedad.

Jesús y Miguel acaban de llegar a Lima, los nervios de los días anteriores a volar se han disipado nada más poner el pie en Perú. En Lima se quedarán unos días para conocer un poco de la cultura y la vida de la ciudad. Las formas de ser de la gente de esta ciudad dan un abrazo y calidez a sus visitantes. En unos días se dirigirán a la ciudad de Chiclayo, al norte del país, donde se encontrarán con el ingeniero y jefe del proyecto Miguel Vega Vásquez que les conducirá a la ciudad de Chota para comenzar a trabajar con la comunidad. La aventura no acaba más que comenzar.

(Jesús Hernández y Miguel Monsalve)

Gran hermano

No, no vamos a hablar aquí del ‘Gran hermano’ en el que un grupo de personas se meten en una casa rodeados de cámaras (lo siento mucho por los fans incondicionales del programa), aunque no va del todo desencaminada la cosa. Sí nos vamos a referir al origen de este concepto en el que se inspira el programa, que hunde sus raíces hacia mediados del siglo XX.

Fue en 1949 cuando Eric Arthur Blair, más conocido por el pseudónimo de George Orwell publicaba la novela ‘1984’, en la que introducía el concepto del omnipresente y vigilante ‘Gran Hermano’. Se trataba de una obra enmarcada en la ciencia ficción social y política que, sorprendentemente, se ha convertido en una certera profecía de nuestro tiempo. La crítica que Orwell hacía al Estado vigilante, al totalitarismo, a la privación de los derechos humanos, a la limitación de la libertad intelectual y la presentación del concepto de ‘distopía’ (una sociedad ficticio indeseable en sí misma) parece haber cobrado actualidad en los últimos años a partir del imparable avance de la era digital.

Hoy día se da la paradoja de que en el smartphone que solemos llevar en el bolsillo portamos más tecnología que la que el hombre utilizó para llegar a la luna, pero ello también nos ha deparado numerosos peligros de los cuales aún no somos suficientemente conscientes. La vertiginosa revolución tecnológica de los últimos años nos ha abierto a un universo de posibilidades inabarcables y difícilmente soñadas por nuestros antepasados. Poder comunicarnos en tiempo real con otras personas, acceder de manera casi instantánea a ingentes fuentes de información, las múltiples posibilidades del trabajo en red, la facilidad de expresar y difundir la información por redes sociales… el horizonte es inmenso… tanto para lo bueno como para lo no tan bueno.

Han sido varias las películas que han intentado reflejar esta realidad. Recientemente veíamos en las pantallas “El círculo”, adaptación de la novela homónima escrita por David Eggers y dirigida por James Ponsoldt. En ella, Mae Holland (Emma Watson) es contratada para trabajar en el Círculo, la empresa de Internet más prestigiosa del mundo. A través de un moderno sistema operativo, el Círculo une las direcciones de email, perfiles en las redes sociales, operaciones bancarias y contraseñas de todos los usuarios. Mae está entusiasmada con la modernidad que muestra la compañía a pesar de que se aleje de su familia al pasar más tiempo en las fiestas y actividades deportivas que se celebran dentro de la oficina. Lo que comienza como un viaje hacia el interior del desarrollo tecnológico, pronto se convierte en un relato que plantea unas cuestiones como pueden ser la memoria, la privacidad, los límites del conocimiento humano o la democracia.

¿Qué decir a todo ello? El Papa Francisco se ha manifestado de la siguiente manera: “Las nuevas comunicaciones, como los correos electrónicos, los mensajes de texto, las redes sociales o los foros pueden ser formas de comunicación plenamente humanas”. En otro momento, añadía: “Las redes sociales son capaces de favorecer las relaciones y de promover el bien de la sociedad”, pero advierte también de que “pueden conducir a una ulterior polarización y división entre las personas y los grupos”. “El entorno digital es una plaza, un lugar de encuentro”, pero agrega, “se puede acariciar o herir, tener una provechosa discusión o un linchamiento moral”. “También en red se construye una verdadera ciudadanía. El acceso a las redes digitales lleva consigo una responsabilidad por el otro, que no vemos pero que es real, tiene una dignidad que debe ser respetada”. “La red puede ser bien utilizada para hacer crecer una sociedad sana y abierta a la puesta en común”. “La comunicación, sus lugares y sus instrumentos han traído consigo un alargamiento de los horizontes para muchas personas” y “esto es un don de Dios, y es también una gran responsabilidad”.

La ‘distopía’ de la que hablábamos antes está en el horizonte, y no como película de ciencia ficción sino como realidad. Del uso que hagamos de este don del que hablaba el Papa y de la responsabilidad con que juguemos nuestras cartas dependerá el futuro. Que el hombre no te obligue, Señor, a arrepentirte de haberle dado un día las llaves de la tierra.