¡Mamá, quiero ser ‘influencer’!

El 4 de febrero de 1986 se estrenaba en el Teatro Calderón de Madrid la comedia musical ‘¡Mamá, quiero ser artista!’. Seguramente muchos recordarán a Concha Velasco interpretando a una joven que llegaba a la capital de España desde su pueblo acompañada por su madre con una idea fija: triunfar en el mundo del espectáculo.

Tanto en el contexto familiar como en el escolar solemos preguntar a los niños qué quieren ser de mayores. Y respuestas hay a montones: futbolista, veterinario, profesora, bombero, enfermera, policía, piloto, médico o, asemejándose un poco más al deseo de la comedia que mencionábamos antes, algunos quieren ser artistas, en sus más diversas variantes. Pero las cosas han cambiado y, seguramente, cuando Concha Velasco decía apasionada que ¡quería ser artista! no contaba con una nueva forma de ser ‘artista’.

A menudo se publican listados de nuevas profesiones que van surgiendo adaptadas al contexto digital, listados de los perfiles más demandados para dar respuesta a esas necesidades profesionales, o listados de preferencias sobre a qué les gustaría dedicarse a los niños y jóvenes. Y aquí es donde, a algunos, las novedades les pueden descuadrar un poco. Según una reciente encuesta elaborada por Adecco, un alto porcentaje de niños quieren ser ‘youtubers’, probadores de videojuegos, community managers, gamers o blogueros. Pero la cosa no queda ahí, porque la aspiración por excelencia, especialmente entre los jóvenes ‘Millennials’, es ser ‘influencer’. ¿Pero qué es ser ‘influencer’?

Un ‘influencer’ es una persona que cuenta con cierta credibilidad sobre un tema concreto, y por su presencia e influencia en redes sociales puede llegar a convertirse en un prescriptor interesante para una marca. La revista Forbes tiene una clasificación de las personas más influyentes en las redes sociales en el ámbito de la moda, los viajes, los videojuegos, los deportes, la tecnología, la belleza, la cocina… Todo ello, no debe hacernos caer en el error de pensar que un ‘influencer’ no pueda ser una persona de reconocido prestigio por su actividad o forma de ser. De hecho, en algunas de estas clasificaciones están personajes como el Papa Francisco, grandes filántropos, docentes, investigadores, empresarios o literatos cuyas opiniones pueden aportar mucho al diálogo internacional.

Ahora bien, el problema se genera cuando caemos en la cuenta de que antes el talento y los logros convertían a alguien en influyente. Ahora parece que lo de ser “influencer” es un fin en sí mismo para demasiada gente. De alguna forma, el tornillo se ha pasado de rosca cuando lo importante no es ser considerado alguien influyente por destacar en algún ámbito de la vida, sino que lo importante es tener miles de seguidores en redes sociales… y sólo eso…

Ciertamente, hoy ya no hay brecha, no hay distancia entre el mundo real y el mundo digital. Tan real es un robo en una casa como el hackeo un móvil o de una cuenta bancaria. Pero este mundo digital está posibilitando el nacimiento de un nuevo modelo de ser persona que, amparándose en una idílica libertad está retornando al ‘gran hermano’ de la novela de George Orwell.

En definitiva, no es malo ser ‘influencer’. De hecho, es algo necesario hoy, y en la historia del cristianismo hay muchos de ellos (aunque no tuvieran perfiles en Twitter o Facebook). Pero no olvidemos que el aparentar no conduce a nada, que la esencia de la persona, su interior es lo que realmente pesa y que medir la calidad por el número de personas que te sigan en las redes sociales… tarde o temprano se termina volviendo en contra.

Todo ello es, también, una llamada al criterio sobre a quién seguimos, teniendo siempre presente que hay una sola Persona a quien, realmente, podemos seguir encontrando plenitud,  sentido y vida. Parafraseando a san Agustín: si amas a Cristo, ¡síguelo! Nadie como él para ser tu ‘Influencer’ #followjesusoar

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