Una experiencia no ‘googleable’

Google nos ha cambiado la vida en pocos años. Atrás quedaron esas tardes en la biblioteca consultando varios tomos enciclopédicos para extraer citas, alguna información concreta de un autor, una fecha, una definición… Atrás quedó la consulta en esos inmensos cajones de archivo para localizar libros relacionados con un tema que queríamos abordar. Ahora, con sacarnos el móvil del bolsillo tenemos en nuestra mano la mayor biblioteca jamás imaginada por el ser humano. Es más, ¿en qué conversación actual que se precie surge una pregunta y alguno de los participantes no plantea buscar la información en Google?

Tal es así que no es raro acudir a Google para buscar tutoriales sobre cómo hacer cosas, desde el nudo de la corbata, pasando por cambiar una rueda al coche o cocinar un pollo al ajillo. Pero aún hay más: a Google le preguntamos qué podemos hacer para adelgazar, dónde puedo encontrar el mejor regalo para un amigo o, incluso, qué hacer si mi matrimonio está pasando por una crisis… Y lo más curioso es que hay respuesta para ‘casi todo’, sea del tipo que sea, sea con la precisión, veracidad o seriedad que sea. Y digo para ‘casi todo’ porque siguen siendo muchas las preguntas, planteamientos, dudas que Google no nos puede resolver y que sólo se pueden afrontar desde la experiencia personal de encuentro consigo mismo y con los demás.

Recuerdo, no hace mucho, dirigirme a un grupo de profesores recordándoles la importancia de aprovechar el tiempo en clase para todo aquello que no sea ‘googleable’ (para eso sería mejor que alumnos y profesores se quedaran en casa). Es cierto que el mundo digital no es ya una esfera virtual de nuestra vida sino que se ha convertido en algo tan real como la vida misma. Pero la experiencia personal y de encuentro con el otro es algo único, irrepetible y no ‘googleable’.

Cada mes de diciembre se cruza en nuestro camino la experiencia de la Navidad. Lógicamente, en estos días acudiremos a Google para que nos ayude a preparar todo lo que implica uno de los grandes acontecimientos anuales. Pero no podemos olvidar que lo que celebramos en estos días es algo tan grande que, como decíamos antes, sólo se puede experimentar en nosotros mismos y en el encuentro con los demás.

Algo tan sencillo como detenernos y, en silencio, contemplar el gran misterio de Dios haciéndose niño, accesible, frágil, cercano. Descubrir su presencia entre nosotros desde antes de encarnarse, durante su vida y ahora por medio de su Espíritu. Preguntarnos por los sentimientos de José, de María, de todos esos personajes que, año tras año, colocamos cuidadosamente en el Belén. Y poder compartir con otros esa experiencia, celebrarla, actualizarla, hacerla realidad en nosotros y en los demás, sabiendo que supone un nuevo renacer personal capaz de destruir todo mal y de dar sentido a toda injusticia desde la esperanza.

No todo es ‘googleable’. La Navidad es un encuentro personal con el Otro que viene a nosotros, que nos abraza y que está presente entre nosotros todos los días de nuestra vida, hasta el fin del mundo (Mt 28, 20).

2 opiniones en “Una experiencia no ‘googleable’”

  1. Muy acertado lo dicho, la Navidad es una experiencia personal primero, y comunitaria después, que nadie puede vivirla por ti. Y si no hay previamente un Encuentro personal con el Señor, en vano se buscan sucedáneos falsos y que nos nos llenan.

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