‘Black mirror’: la ciencia ficción que se hace realidad

No descubrimos nada nuevo en el horizonte si digo que encender la televisión hoy día y encontrarse algo que merezca la pena resulta una misión bastante complicada… No obstante, somos hijos de nuestro tiempo y, de una u otra forma, ya sea enganchándonos a una serie, a un programa musical o a algún espacio de entrenamiento, solemos terminar embobados un buen rato.

Por circunstancias de la vida, también es cierto que las oportunidades para ver la televisión de la forma ‘clásica’ se han reducido mucho. Pero, una vez más, para eso está Internet, las plataformas digitales y los dispositivos móviles, que son capaces de acercarnos los contenidos allá donde estemos. Entre todos ellos, quizá sea el formato de las series el que más se haya multiplicado en los últimos años. De esperar el día y la hora concretos para ver el capítulo de la serie semanal, hemos pasado a tener tantos capítulos por ver que, materialmente, no nos da el día, el mes ni el año para ello.

Últimamente he descubierto una de esas series que comienzas a ver por casualidad y, de repente, te atrapan: ‘Black mirror’. No es una serie con una línea argumental fija, sino que cada capítulo es independiente. Apenas coinciden los personajes en los diferentes capítulos y temporadas, pero sí tiene un denominador común: todo gira en torno a cómo la tecnología afecta a nuestras vidas, en ocasiones sacando lo peor de nosotros. Cada capítulo nos acerca a la forma en que vivimos actualmente y a lo que podríamos llegar a vivir en poco tiempo si dejamos que este mundo se nos vaya de las manos…

Recuerdo que el primer capítulo que vi transcurría en un mundo en el que las personas podían calificar y ser calificadas por puntuaciones de una a cinco estrellas en cada interacción social que realicen (un paso más allá de las redes sociales). La protagonista, una joven obsesionada por sus calificaciones, era elegida por una popular amiga de la infancia como dama de honor de su futura boda. Durante el viaje para asistir al enlace Lacie tiene un encontronazo con uno de los trabajadores encargados del servicio al cliente. Tras una agria discusión su calificación personal comienza a reducirse rápidamente y su vida termina dando un giro catastrófico.

En otros capítulos se narra la experiencia de una madre que pone un implante a su hija para tenerla siempre localizada y ver todo lo que hace; otro plantea la incidencia extrema de la realidad virtual en nuestras vidas; en otro se trata cómo sería nuestra vida cuando todo lo que hagamos, digamos, escuchemos o veamos quede grabado en un implante, etc. Ciertamente, no es de esas series con las que uno se va a dormir tranquilo tras ver un capítulo, pero sí considero que las temáticas que trata y la forma extrema de hacerlo pueden suponer un impacto en nosotros, que podemos estar ahora mismo en el borde de llegar a eso.

Lo que hace años considerábamos ‘ciencia ficción’ ya está, en algunos casos, ‘pasado de moda’ y ha sido superado. Todo va tan rápido y todo es tan diferente cada vez y en tan poco tiempo que resulta fundamental tener un punto de referencia para no marearse y perderse.

A lo largo de la historia el ser humano ha ido teniendo diversos puntos de referencia: la naturaleza, la divinidad, el poder, la religión, el propio hombre, el dinero, el culto al cuerpo, la tecnología… Y cada vez que uno de esos puntos de referencia se ha radicalizado siempre se ha caído en una deformación que ha degenerado en catástrofe.

Por eso, ante momentos de vértigo, duda o cambio siempre es bueno acudir a la fuente, a la verdad de nuestra vida que, como diría San Agustín, está en nuestro interior. Año tras año, siglo tras siglo, época tras época, ante todo cambio, ante toda duda, siempre la respuesta se ha encontrado en el interior de la persona. Es ahí, también, donde debemos mirarnos ahora. Buceando en nuestro interior encontraremos algo tan sencillo y tan grande como es el amor, la necesidad del otro y del Otro; y encontrando el amor, al otro y al Otro llegaremos al fundamento de nosotros mismos.

Si queremos ser verdaderamente humanos, nada de lo humano nos puede ser ajeno. Y, como ya dijeran tiempo atrás, no hay nada verdaderamente humano que no sea verdaderamente cristiano ni nada verdaderamente cristiano que no sea verdaderamente humano. Preguntas, dudas, incertidumbres hay muchas… respuestas que convenzan y llenen de sentido hay pocas. En el Evangelio de Jesucristo, en su persona tenemos un firme fundamento. La invitación está lanzada. En nuestra mano está aceptarla. Y eso no es, para nada, ciencia ficción.

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