Jueves Santo | Semana Santa POR DENTRO

Hoy es Jueves Santo, el día del amor fraterno, el día en que se instituye la Eucaristía y, por eso también, el día del sacerdocio.

Hoy los obispos de todo el mundo celebran la misa crismal en sus respectivas diócesis junto a sus sacerdotes. En esta celebración se consagra el santo crisma y el resto de los óleos que se utilizan para los Sacramentos del bautismo, la confirmación, la unción de enfermos y el orden sacerdotal.

Hoy es el día del amor fraterno porque en la última cena de Jesús, lo que hace es instituir el momento de mayor encuentro entre Dios y el hombre. Si Dios, haciéndose niño y naciendo en Belén ya se acercó al ser humano como nunca lo había hecho antes, en la Última Cena, lo que hace, es entregarse con su cuerpo y su sangre a cada uno de nosotros. Y lo hace, precisamente, para permanecer con nosotros, porque cada vez que nos reunimos en su nombre para celebrar la Eucaristía, allí está Él dándose una y otra vez.

La palabra ‘Eucaristía’ significa acción de gracias, y cada vez que nos reunimos para celebrarla son muchos los motivos de acción de gracias.

Hoy, que es el día por excelencia de la Eucaristía, piensa las cosas, las personas, las situaciones por las cuales quieres dar gracias y preséntaselas a Dios.

Piensa, además, que cada vez que se celebra la Eucaristía, no es un acto particular de los que allí están, sino que es una acción que está íntimamente conectada con la Iglesia universal. En la Eucaristía nos unimos a los vivos y a los que nos han dejado y están ya en presencia de Dios. Nos unimos al Papa y a los santos, nos unimos a los que no conocen a Jesús y a aquellos que, conociéndolo, necesitan de él.

Otro de los gestos importantes de este día es del lavatorio de los pies que Jesús hace con sus discípulos. Que el maestro se pusiera a lavar los pies a sus discípulos era una de las cosas más raras que uno pudiera imaginarse. Pues lo hace sin contemplaciones porque la mejor manera de enseñar es con el ejemplo. Y qué mejor forma de expresar lo que significa darse a los demás, ponernos a su servicio.

Hoy es un día de acción de gracias, un día de profundización en lo que significa la Eucaristía, un día para valorar y agradecer la labor de los sacerdotes, y para pedir por ellos, y una nueva oportunidad para seguir viviendo esta Semana por dentro.

@antoniocarron | #SemanaSantaporDentro

Miércoles Santo | Semana Santa POR DENTRO

Hoy es miércoles santo y ya la tensión en el relato de los últimos días de Jesús se va acrecentando. En el Evangelio se narra la traición de Judas, un momento realmente duro que nos puede servir muy bien para bucear en nuestro interior y sanar tantas heridas producidas por traiciones, bien que hayamos hecho o bien que nos hayan hecho.

Cada vez que traicionamos a alguien o nos traicionan nos queda una pequeña huella que, por mucho que queramos, por nuestros propios medios, no conseguimos restaurar.

Pensemos que nuestra vida es una hoja de papel en blanco que, conforme pasa la vida, podemos ir desviándonos del camino, podemos ir arrugándonos por el mal uso de nuestra libertad… y llega un momento en que nuestra hoja lisa blanca, se convierte en una hoja, que puede seguir blanca por fuera, pero arrugada y deformada por dentro.

Es cierto que podemos decir, ¿y si Dios va viendo que nuestra vida se va deformando, por qué no nos detiene? Pues porque Dios respeta nuestra libertad y confía tanto en nosotros que hasta nos ha dado la capacidad de dejarlo de lado, de negarlo, de darle la espalda incluso a Él. Ese es el origen del pecado.

Jesús vino a proporcionarnos un remedio para volver a restaurar ese equilibrio original, esa hoja blanca y lisa. Y, además, ha querido que ese remedio se vaya presentando en nuestra vida conforme lo vamos necesitando. Ese remedio se llama Sacramentos y, justo cuando comenzamos a vivir, tenemos la oportunidad de incorporarnos a familia de los cristianos y que nos liberen del pecado original: justo para eso está el bautismo. Vamos caminando y necesitamos alimentar nuestra vida de fe: para eso vendrá la Eucaristía. Tropezaremos una y otra vez, y para eso tenemos el Sacramento de la Reconciliación. Surgirá la necesidad de que el Espíritu Santo nos ilumine con sus dones, y esa es la razón de ser de la Confirmación. Llegará el momento en que encontremos una persona con la que iniciar un proyecto de vida con Dios en medio: es lo que nos ofrece el matrimonio. Habrá otros que sientan una especial llamada de Dios para ser mediadores suyos entre los demás y celebrar los sacramentos: y para eso está el Orden sacerdotal. Llegará un momento en que nuestras fuerzas flaquearán, nos alcanzará la enfermedad, y necesitaremos de la Unción de los enfermos.

Cada uno de los siete Sacramentos es una oportunidad que Dios nos ofrece de reengancharnos a la vida que Él nos puede dar, de encontrar nuestra verdadera identidad, porque si somos imagen y semejanza suya, sólo estando junto a Él llegaremos a ser verdaderamente personas plenas.

En este Miércoles Santo tenemos la oportunidad de plantearnos qué presencia y significado tienen los sacramentos en nuestra vida. De alguna forma, buscando un símil actual, cada vez que nos acercamos a los sacramentos, Dios nos da un LIKE en nuestro perfil de redes sociales. Pues propongámonos buscar el LIKE de Dios en esta Semana Santa.

Sigamos viviendo la Semana Santa por dentro.

@antoniocarron | #SemanaSantaporDentro

Martes Santo | Semana Santa POR DENTRO

Hoy es martes Santo, una buena oportunidad introducirnos en una de las realidades más comunes en nuestra vida: las ofensas contra los demás, las ofensas contra Dios y las ofensas contra nosotros mismos. Cuando ofendemos rompemos el hilo, rompemos la conexión, rompemos el equilibrio. Ofender es separar, dividir y ése es, precisamente, el punto central del pecado: la división.

Lo que hizo que Judas Iscariote ofendiera a Jesús fue la ambición y el dinero; lo que hizo que Pedro ofendiera a Jesús fue la inseguridad y el miedo de que Jesús no fuera el Mesías, el salvador que necesitaba el Pueblo de Israel. Por un momento, ninguno de los dos aceptaba el fracaso de Jesús. El proyecto de Jesús era difícil de entender, pero no pensemos que sólo era difícil para ellos: incluso hoy, para nosotros, entender las razones por las que Jesús entregó su vida, son difíciles de entender.

Pero es que la lógica de Dios es otra muy diferente a la nuestra. A veces decimos que aceptamos el Evangelio pero no soportamos las consecuencias que de él se derivan, porque es duro ser consecuentes con una vida de fe.

Jesús lo sabía, sabía que no era fácil de entender, y por eso les hizo ver a Judas y a Pedro, y nos hace ver a nosotros, que Dios tiene muy mala memoria, que es capaz de perdonar hasta 70 veces 7 las ofensas que podamos cometer. El problema es que muchas veces nosotros decimos que vamos a perdonar como Dios nos perdona cuando rezamos el PadreNuestro, pero no lo hacemos. Y uno y otra vez parece que nos basamos en el cumplimiento, que no es otra cosa que CUMPLO y MIENTO.

Vivir la Semana Santa en profundidad es hacernos conscientes de nuestras debilidades, presentárselas a Dios y salir reforzados. Como dice San Agustín, “Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas, y pedir lo que no puedas, y te ayuda para que puedas”.

La fe cristiana no es una fe de esclavos o de borregos como otros han dicho, la fe cristiana es una fe encarnada, una fe que parte de la experiencia del ser humano, que no es ningún superhombre, sino que tiene sus limitaciones. Y, precisamente eso fue lo que nos mostró Dios con la encarnación de Jesús: una  liberación de nuestras ataduras, una nueva forma de ver la vida.

La oportunidad de vivir la Semana Santa por dentro es la oportunidad de mirarnos por dentro, revisar nuestra vida, dejar que Dios ilumine todas esas zonas oscuras que todos tenemos, confiar en Él y salir renovados.

Sigamos viviendo la Semana Santa por dentro.

@antoniocarron | #SemanaSantaporDentro

Lunes Santo | Semana Santa POR DENTRO

Hoy es Lunes Santo, y tenemos la invitación de ir a Betania, a la casa de Marta, María y Lázaro. Betania (que significa ‘casa de Dios’) está a las afueras de Jerusalén y Jesús, seis días antes de la Pascua, había acudido allí para cenar con sus amigos. Esta cena es símbolo del triunfo de la vida sobre la muerte. Poco antes, Jesús había resucitado a Lázaro de entre los muertos. En sus encuentros con personas, Jesús siempre sacaba lo mejor de cada uno y, en tantas ocasiones, de la muerte hacía surgir la vida; incluso de una mala experiencia era capaz de extraer una gran enseñanza.

En este Lunes Santo me venía a la mente un cortometraje checo llamado “El puente” que describe la relación entre un padre y un hijo. Ambos se necesitan mutuamente y se complementan: el padre es una persona triste y el hijo es el que le hace sonreír e incluso le quiere ayudar en su trabajo. El padre trabaja como operario en un puente por el que pasa el tren y está encargado de hacer el cambio de vías para que no descarrile.

En paralelo a esta relación del padre con el hijo, en el cortometraje se muestra cómo las personas que van en el tren no se dan cuenta de las necesidades de los demás. Se palpa infelicidad, pérdida del sentido de la vida, adicciones, enfados. Parece que sólo la relación del padre con el hijo es la que aporta armonía.

En un momento, el hijo se da cuenta de que el tren llega demasiado pronto, pero el padre no está allí para escucharlo. El hijo hace lo posible para salvar el tren, y sin querer cae a la caja de cambios y comienza a gritar: el padre se percata de la situación y escucha horrorizado los gritos del hijo.

En ese momento el padre debe tomar la decisión de salvar el tren o salvar a su hijo. En el tren cada uno sigue a lo suyo y nadie es consciente de lo que allí pasa. Pero, justo en ese momento, el padre toma la dura decisión de sacrificar a su hijo para salvar el tren.

Sólo una chica con problemas de droga se da cuenta de lo sucedido y ver al padre llorar por su hijo hace que ella se transforme interiormente.

Ya al final del corto, cara a cara con el padre, esta chica antes con problemas ahora aparece renovada, libre de su pasado y sostiene a un bebé en sus brazos. Reconoce al padre y ambos experimentan que la muerte del hijo no fue en vano.

 

Haciendo una lectura para nuestra Semana Santa, podemos ver reflejado cómo el hijo se convierte en puente entre Dios y los hombres; cómo de un hecho negativo, de un sacrificio se puede sacar vida, renovación, libertad y esperanza.

 

Hoy es lunes Santo y comienza el camino de Jesús a la cruz, pero en el encuentro de Betania Jesús es capaz de iniciar su camino a la cruz llevando vida.

 

Sigamos viviendo la Semana Santa por dentro.

@antoniocarron | #SemanaSantaporDentro

Domingo de ramos | Semana Santa POR DENTRO

Hoy es Domingo de Ramos, la gran puerta que nos da acceso a la Semana Santa, el día en que se conmemora la entrada de Jesús en Jerusalén aclamado por muchos de forma festiva. Pero no hay que olvidar que hoy hacemos lectura de la Pasión, que comienza con el juicio, el camino a la cruz, la crucifixión y la muerte de Jesús.

Hoy se entremezclan esas dos realidades: la victoria y la derrota, pero ambas, creo yo, mal interpretadas. Por un lado, los que aclamaban a Jesús en la entrada a Jerusalén lo hacían creyendo que él iba a ser un libertador político que les solucionaría todos sus problemas personales y sociales; pero no, Jesús los quería liberar de otros yugos, de los yugos del pecado, de la indiferencia y de la muerte.

Por otro lado, el escalofriante relato de Jesús camino de la cruz, siendo crucificado y muriendo, pueden parecer una derrota, pero a los ojos de Dios, resulta ser el inicio de toda una victoria, el encuentro más profundo de Dios con su criatura, la cercanía máxima que Dios ha tenido con el ser humano, llegando a hacerse vulnerable por nosotros.

Y esto resulta algo completamente nuevo y hasta difícil de entender: que Dios se haga vulnerable ante su criatura. Pero leámoslo desde el plan de salvación de Dios y desde nuestras experiencias humanas. Cuando en una relación entre personas surge un conflicto tenemos dos alternativas: o nos encerramos en nuestra postura y no queremos saber nada del otro, o intentamos construir puentes, buscar soluciones para la reconciliación. En una relación, no se puede avanzar si no se perdona, si no se ama. Y entre el ser humano y Dios se había creado un muro que no permitía que Dios fuera cercano: a pesar de los intentos de Dios, el hombre se había separado de Él. Por eso, aunque fuera algo muy extremo, la forma pedagógica que Dios tuvo de decirnos que estaba junto a nosotros y que éramos importantes para Él, fue ésta: muriendo en la cruz a manos de su criatura.

Volveremos a leer la Pasión el Viernes Santo, ese día con un sentido más profundo porque actualizaremos en nosotros la muerte de Jesucristo en la cruz. Hasta entonces tenemos unos cuantos días que nos permitirán ir adentrándonos en lo profundo de esta Semana Santa que, que vivida con intensidad, puede transformar tu vida.

La entrada de Jesús en Jerusalén fue festiva pero no con grandes honores, como si del rey o el emperador se tratara: entró subido en un sencillo burro y rodeado de los suyos. Que en estos días no nos dejemos llevar por lo de fuera, por lo superficial, sino que interioricemos lo que significa que Dios está con nosotros y se entrega por ti y por mí.

Vivamos esta Semana Santa por dentro.

@antoniocarron | #SemanaSantaporDentro

Viernes de dolores | Semana Santa POR DENTRO

Hoy es el último viernes antes de que comience la Semana Santa. Para muchos supone el inicio de unos días de vacaciones, para otros es el viernes de Dolores en que se recuerda el sufrimiento de María durante la Pasión de Jesús y este viernes es también  considerado como la antesala de la Semana Santa.

En cualquier caso, es importante que en estos próximos días en que, cultural o religiosamente, viviremos la Semana Santa, tengamos oportunidad de profundizar un poco en lo que estos días significan.

Al hablar de la Semana Santa siempre recuerdo una anécdota que me ocurrió hace tiempo con unos niños pequeños que estaban discutiendo entre sí por qué celebrábamos todos los años lo mismo si Jesús ya murió una vez. A lo que el otro le respondió: es que somos tan cabezotas que si no lo recordamos todos los años se nos olvida.

Pues eso es: cada año tenemos oportunidad de recordar (y no olvidemos que ‘recordar significa volver a pasar por el corazón las cosas), pues tenemos oportunidad de recordar lo que ocurrió hace ya más de 2000 años en Jerusalén: que todo un Dios (el ser mayor que el cual nada puede ser pensado que dicen los filósofos), habiéndose hecho uno como tú y como yo, murió por ti y por mí.

No olvidemos que, de alguna manera, Dios le concedió al ser humano un cheque en blanco para que hiciera con él lo que quisiera. Y esa libertad la puede utilizar para muchas cosas que, o bien lo alejan o bien lo acercan a Dios. Esto me recuerda mucho también al techo de la capilla Sixtina donde está representada la mano de Dios y la mano del hombre como queriendo tocarse. Y cuántas veces el hombre ha querido separarse de Dios y Dios ha querido acercarse al hombre.

Vivir la Semana Santa es vivir este deseo de Dios de acercarse al hombre reviviendo la forma más extrema de cercanía: hacerse uno como nosotros, vivir como uno de nosotros, padecer como uno de nosotros y morir por amor a nosotros.

Abrimos las puertas a una Semana Santa en la que podremos hacer muchas cosas, pero aprovechemos un poquito también para redescubrir la presencia, la cercanía de Dios en nuestras vidas.

Os invito a que vivamos la Semana Santa por dentro.

@antoniocarron | #SemanaSantaporDentro

‘Black mirror’: la ciencia ficción que se hace realidad

No descubrimos nada nuevo en el horizonte si digo que encender la televisión hoy día y encontrarse algo que merezca la pena resulta una misión bastante complicada… No obstante, somos hijos de nuestro tiempo y, de una u otra forma, ya sea enganchándonos a una serie, a un programa musical o a algún espacio de entrenamiento, solemos terminar embobados un buen rato.

Por circunstancias de la vida, también es cierto que las oportunidades para ver la televisión de la forma ‘clásica’ se han reducido mucho. Pero, una vez más, para eso está Internet, las plataformas digitales y los dispositivos móviles, que son capaces de acercarnos los contenidos allá donde estemos. Entre todos ellos, quizá sea el formato de las series el que más se haya multiplicado en los últimos años. De esperar el día y la hora concretos para ver el capítulo de la serie semanal, hemos pasado a tener tantos capítulos por ver que, materialmente, no nos da el día, el mes ni el año para ello.

Últimamente he descubierto una de esas series que comienzas a ver por casualidad y, de repente, te atrapan: ‘Black mirror’. No es una serie con una línea argumental fija, sino que cada capítulo es independiente. Apenas coinciden los personajes en los diferentes capítulos y temporadas, pero sí tiene un denominador común: todo gira en torno a cómo la tecnología afecta a nuestras vidas, en ocasiones sacando lo peor de nosotros. Cada capítulo nos acerca a la forma en que vivimos actualmente y a lo que podríamos llegar a vivir en poco tiempo si dejamos que este mundo se nos vaya de las manos…

Recuerdo que el primer capítulo que vi transcurría en un mundo en el que las personas podían calificar y ser calificadas por puntuaciones de una a cinco estrellas en cada interacción social que realicen (un paso más allá de las redes sociales). La protagonista, una joven obsesionada por sus calificaciones, era elegida por una popular amiga de la infancia como dama de honor de su futura boda. Durante el viaje para asistir al enlace Lacie tiene un encontronazo con uno de los trabajadores encargados del servicio al cliente. Tras una agria discusión su calificación personal comienza a reducirse rápidamente y su vida termina dando un giro catastrófico.

En otros capítulos se narra la experiencia de una madre que pone un implante a su hija para tenerla siempre localizada y ver todo lo que hace; otro plantea la incidencia extrema de la realidad virtual en nuestras vidas; en otro se trata cómo sería nuestra vida cuando todo lo que hagamos, digamos, escuchemos o veamos quede grabado en un implante, etc. Ciertamente, no es de esas series con las que uno se va a dormir tranquilo tras ver un capítulo, pero sí considero que las temáticas que trata y la forma extrema de hacerlo pueden suponer un impacto en nosotros, que podemos estar ahora mismo en el borde de llegar a eso.

Lo que hace años considerábamos ‘ciencia ficción’ ya está, en algunos casos, ‘pasado de moda’ y ha sido superado. Todo va tan rápido y todo es tan diferente cada vez y en tan poco tiempo que resulta fundamental tener un punto de referencia para no marearse y perderse.

A lo largo de la historia el ser humano ha ido teniendo diversos puntos de referencia: la naturaleza, la divinidad, el poder, la religión, el propio hombre, el dinero, el culto al cuerpo, la tecnología… Y cada vez que uno de esos puntos de referencia se ha radicalizado siempre se ha caído en una deformación que ha degenerado en catástrofe.

Por eso, ante momentos de vértigo, duda o cambio siempre es bueno acudir a la fuente, a la verdad de nuestra vida que, como diría San Agustín, está en nuestro interior. Año tras año, siglo tras siglo, época tras época, ante todo cambio, ante toda duda, siempre la respuesta se ha encontrado en el interior de la persona. Es ahí, también, donde debemos mirarnos ahora. Buceando en nuestro interior encontraremos algo tan sencillo y tan grande como es el amor, la necesidad del otro y del Otro; y encontrando el amor, al otro y al Otro llegaremos al fundamento de nosotros mismos.

Si queremos ser verdaderamente humanos, nada de lo humano nos puede ser ajeno. Y, como ya dijeran tiempo atrás, no hay nada verdaderamente humano que no sea verdaderamente cristiano ni nada verdaderamente cristiano que no sea verdaderamente humano. Preguntas, dudas, incertidumbres hay muchas… respuestas que convenzan y llenen de sentido hay pocas. En el Evangelio de Jesucristo, en su persona tenemos un firme fundamento. La invitación está lanzada. En nuestra mano está aceptarla. Y eso no es, para nada, ciencia ficción.

Las sillas del Papa Francisco

Hace algunas semanas me invitaron a visitar la Casa Santa Marta en el Vaticano. Como muchos sabrán, es el alojamiento que Juan Pablo II adaptó como residencia para los cardenales durante el tiempo que dura el cónclave en el que se elige un nuevo Papa. Y desde la elección del Papa Francisco ha tenido un mayor relieve puesto que decidió fijar allí su residencia y no habitar en el apartamento papal del palacio apostólico.

En mi visita a Santa Marta tuve a un guía de excepción, Mons. Giacinto Berloco, quien fuera nuncio en numerosos países, y al que conocí por medio de unos conocidos comunes en Costa Rica. Tras recibirme cordialmente, Mons. Berloco me dijo: – “Normalmente a esta hora suelo encontrarme al Papa en el ascensor”. Ciertamente, el clima de cercanía y familia en Santa Marta es algo que se percibe desde el primer momento. Yo, por si acaso, ya tenía pensadas 3 o 4 opciones por si me topaba con el Papa de frente, no fuera uno a quedarse en blanco sin saber qué decir.

En Santa Marta se respira paz, tranquilidad y cordialidad. A la entrada hay un guardia suizo y en los alrededores hacen lo propio varios gendarmes vaticanos. A pesar de ello el clima es de lo más cordial y cercano. Justo al pasar la puerta de entrada hay un par de paragüeros y la escalera se divide en dos, pudiendo descender al hall de entrada por ambos lados. Ya en el hall, un simpático joven hace las veces de recepcionista, y es éste quien avisa a mi “cicerone”, con el que me encuentro en una de las salas de visitas. Tras charlar un rato nos dirigimos a la capilla de Santa Marta, ésa en la que el Papa celebra la Eucaristía algunos días de la semana por la mañana temprano, pronunciando una breve pero muy significativa homilía que se difunde por los medos vaticanos. Al terminar la celebración, que suele durar en torno a 30 minutos, el Papa se retira a la parte izquierda de la capilla, a una discreta silla junto a una de las columnas, mirando hacia el altar. Allí suele quedarse rezando unos minutos antes de salir a la puerta para despedir a todas las personas que lo han acompañado en la celebración.

La rutina del Papa comienza en torno a las 5 de la mañana, dedicando más de una hora a la oración y meditación. Después es el momento reservado a la Eucaristía que mencionábamos antes, a las 7 de la mañana, en la capilla de la residencia. Cada día le acompañan invitados de otros países o delegaciones de parroquias romanas u otras instituciones italianas. Y es justo al terminar cuando la silla junto a la columna que mencionábamos se convierte en un signo de los muchos que están marcando el pontificado de Francisco: como uno más, junto a los participantes en la celebración, el Papa se sienta y se pone en presencia de Dios en ese momento de acción de gracias. Sólo él y Dios saben las palabras, los sentimientos, las alegrías y penas que han podido intercambiarse en diálogo de amor y confianza en todas las ocasiones que allí se ha sentado. Y todo desde esa sencilla silla.

Después, decíamos, es el momento de saludar a todos los concelebrantes y asistentes a la Eucaristía. Y, seguidamente, el Papa se dirige al comedor. Mons. Berloco me explicó que el Papa Francisco desayuna, almuerza y cena allí junto a todos los demás. Normalmente, en Santa Marta residen unas 60 personas de forma permanente (cardenales, obispos y otros funcionarios vaticanos) y otras cerca de 60 personas que están de paso. Con todos ellos, cada día, el Papa Francisco comparte la cotidianeidad y sencillez de un comedor grande pero sencillo y acogedor. El Papa se sienta en una mesa como las demás, en una silla como las demás. Lo acompañan casi siempre el servicio de seguridad del Vaticano y algún cardenal o colaborador cercano con el que dialoga durante la comida. A veces se sitúa en una mesa un poco más retirada aprovechando el momento de la comida para tratar temas concretos con alguna persona, pero siempre desde esa sencillez de un comedor como el de cualquier otra residencia o sencillo hotel en el que hayamos podido estar. Son esos momentos cotidianos los que el Papa Francisco aprovecha, también, para intercambiar opiniones, ser informado, dar su parecer o, simplemente, para compartir un rato de charla como podríamos hacer cualquier a la hora de la comida. Y todo ello, desde esa silla, como otra de tantas, una más, en la que cada día se sienta el sucesor de Pedro junto a los residentes en Santa Marta.

Nada en Santa Marta habla de ostentación, poder o lujo. Más bien se trata de la residencia de una gran familia muy plural, internacional, atendida por una comunidad de Hijas de la caridad de San Vicente de Paúl; una residencia como las muchas que hayamos podido conocer, donde los gestos, el trato de cerca, lo cotidiano y sencillo es lo que prima.

Santa Marta se ha convertido en la casa del Papa. Allí pasa gran parte del día. En su habitación recibe a algunos de sus colaboradores y con todos los demás comparte momentos de oración, comida y recreación.

No tocaba hoy hablar de las “sillas” del Papa en la Basílica de San Pedro, las de los grandes acontecimientos, las que rememoran grandes obras de arte o símbolos de poder. Hoy era el momento de hablar del día a día, de lo sencillo, de las sillas cotidianas del sucesor de Pedro en el año 2018.

También hoy en Venezuela los sueños se hacen realidad

Hoy es domingo 14 de enero de 2018. Podría ser un día más, pero se trata de una jornada en la que un gran sueño se ha hecho realidad.

Normalmente, los sueños se cumplen en el desenlace de una bonita película o en lugares donde el entorno o las circunstancias lo favorezcan más. Pero el sueño que hoy se cumple no es el final de ninguna película de Disney y tiene lugar en el barrio de La Pastora, en Caracas, en el corazón de una Venezuela que no pasa por los mejores momentos de su historia, pero que no deja de soñar.

Entre sueños escuchó el profeta Samuel la voz de Yahvé que le llamaba para que le siguiera; entre sueños San José escuchó el mensaje del ángel para que tomara a María como mujer y se hiciera cargo del niño Jesús que iba a nacer; y podríamos decir que cada uno de nosotros somos el sueño de Dios hecho realidad, aunque en muchas ocasiones podamos suponer para Él una pesadilla…

En uno de los soliloquios más famosos del drama español, obra de Calderón de la Barca, Segismundo piensa en la vida y en su suerte con esas universales palabras: “¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.” Hoy habría que contradecir al maestro Calderón diciéndole que no es verdad, que no todos los sueños son ficción o ilusión, pues hay algunos que se sí se cumplen, que sí se hacen realidad.

Hoy es el día en que el sueño de unos peregrinos que se dejaron guiar por el ejemplo del profeta Jeremías culminan una etapa que les impulsará a continuar el camino. Hoy es el día en que Fátima, Henry, Imelis, Janeth, Leopoldo, Luis, Marisol, Martha, Moisés, Orlando y Sammytier no sólo hacen realidad su sueño sino el de toda una familia religiosa como es la familia agustino recoleta.

Quienes fueran los impulsores del movimiento juvenil agustino recoleto en la Parroquia de San Judas Tadeo de Caracas, aquellos que más adelante configuraran la Comunidad Jeremías y prosiguieran con la experiencia de Peregrinos, hoy hacen sus promesas como Fraternidad Seglar Santa Magdalena de Nagasaki. Y con su sueño cumplido nos hacen seguir soñando a los demás que el presente y el futuro sigue pleno de ilusión y de esperanza.

Que este sueño cumplido se haga realidad, además, en esta Venezuela de hoy, nos dice mucho. Nos habla de un Dios que se manifiesta de las maneras más inesperadas, en las condiciones más adversas y en los lugares donde otros pierden la capacidad de soñar.

Queridos amigos de la nueva Fraternidad Seglar Santa Magdalena de Nagasaki. En este domingo 14 de enero abrís un nuevo camino en nuestra familia que hará soñar a otros muchos. Y, además, nos ofrecéis una gran enseñanza, una gran lección: que el futuro está en nuestras manos, en las pequeñas decisiones personales, en los sencillos compromisos que, cuando se comparten en comunidad, llegan a iluminar mucho, como vosotros ilumináis hoy a nuestra familia. Gracias siempre a Dios por seguir soñando con nosotros, y gracias a vosotros por hacer realidad el sueño de Dios. Sigamos soñando juntos, sigamos siendo luz de esperanza para el mundo.

Un año nuevo, ¿y tú qué?

Un año nuevo siempre es oportunidad para evaluar lo que ha sido nuestra vida hasta el momento y mirar hacia el futuro con nuevos propósitos. Habrá retos conseguidos y otros quizás no. Seguramente vivimos fantásticas experiencias y otras que mejor convendría olvidar. Y, entre tanto, hay muchas cosas que cambian, personas que estuvieron y ya no están, momentos que quedaron atrás… La llegada de un nuevo año es el momento de sacar la libreta de apuntes de nuestra vida, repasar las lecciones aprendidas, hacer evaluación, tomar impulso y retomar el camino.

Para un tiempo de cambios constantes y rápidos como el que vivimos, he reconocer que los que nacimos a comienzos de los 80 somos bastante afortunados: vivimos parte de lo que ya es historia pasada, hemos asistido a todas las novedades presentes y, por todo ello, vemos el futuro con un cierto criterio. Los de la generación de los 80 tuvimos una infancia en la que pasábamos gran parte del día en la calle sin mayor restricción que llegar a casa para comer o cenar. Crecimos con ‘Barrio Sésamo’, la ‘Bola de cristal’, los inventos de ‘McGiver’ y los lagartos de ‘V’. Vivimos el cambio al Euro habiendo antes comprado chicles a 5 Pesetas. Somos la última generación de la EGB, el BUP, el COU; en el colegio comenzamos a estudiar inglés y, tras una Selectividad medio decente, casi podías estudiar lo que quisieras. Nos manejábamos a la perfección con los Walkman y los discos de vinilo, echamos horas y horas batiéndonos en duelo al ‘Street Figther’, soñábamos con las ‘Nike Air Jordan’, nos desesperábamos cuando un juego de cinta no se terminaba de cargar en el ordenador, y nos sabíamos de memoria el sonido que hacía el módem cuando se intentaba conectar a Internet para descargar algún esporádico e-mail (lo de la ADSL o la fibra óptica, por aquel entonces, era ciencia ficción).

Durante todos estos años hemos sido testigos privilegiados de lo que ha supuesto la tecnología en nuestras vidas. Hemos pasado de la máquina de escribir al portátil; en la adolescencia tuvimos los primeros robustos teléfonos móviles y ahora disfrutamos del poder de los smarthpones; todos nuestros años de colegio y universidad fueron con libros de papel y ahora lo llevamos todo en la tablet; durante mucho tiempo sólo había dos canales en la TV y ahora cuesta seleccionar algo para ver en la inmensidad de la jungla audiovisual; soñábamos con qué iba a ser de nuestra vida en el año 2000, se pasó incluso el 2001 de ‘Una odisea del espacio’, el futuro de ‘Regreso al futuro’ es pasado y… entre tanto, ya estamos en 2018.

De una u otra forma, los últimos 30 años han supuesto una gran revolución en la historia de la Humanidad. Todo ha ido muy rápido, todo ha cambiado mucho y apenas hemos tenido tiempo para pararnos y reflexionar lo que todo ello ha supuesto. Y, precisamente, los de esa generación de los 80 podemos hacer una valoración que pocos pueden hacer, comparando lo pasado con lo presente, habiendo vivido una experiencia y otra.

No obstante, hay cosas que no cambian, a pesar de la tecnología, a pesar de los años, a pesar incluso de las personas, a pesar de lo rápido que va todo. Un año nuevo, como decíamos al principio, es oportunidad de aprender de lo vivido y seguir adelante.

¿Qué cosas no cambian? El amor de la familia, las buenas amistades, las experiencias enriquecedoras… Da igual que sea con más o menos ancho de banda de Internet, con coches autónomos o viendo un video de la abuela con unas gafas de realidad virtual. Hay cosas que permanecen y nos dan plenitud, como diría Santa Teresa con su célebre: “Sólo Dios basta”.

Un año más, nuestro mundo cambia, y la pregunta que nos debemos hacer es si también cambiamos nosotros o seguimos igual… Cambiar no es malo siempre que sea con una perspectiva positiva. Mucho cambio puede llegar a ser negativo, como también lo es estancarnos en las añoranzas de un pasado que pudiera parecernos mejor.

Un año nuevo, ¿y tú qué? Esta pregunta me recuerda el diálogo de Jesús con los discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” (Mc, 8, 27-33) Cambiémosla un poco y digámonos: ¿y tú qué dices de ti mismo? ¿Avanzamos? ¿Retrocedemos? ¿Nos estancamos? El mero paso del tiempo es ya un progreso, pues vivir la vida día a día resulta todo un reto. No obstante, ¿qué dices de ti mismo? Un año nuevo, ¿y tú qué?